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{junio 10, 2008}   Resumen de Seda de Alessandro Baricco

sedaEsta es una novela de Alessandro Baricco. En ella nos cuenta la historia de un chico joven llamado Hervé Joncour que tenía una fabrica de seda en su país natal, Francia. Estaba casado con una joven llamada Helene. Pero su matrimonio no pasaba por su mejor momento ya que el hacía demasiados viajes a Japón debido a su trabajo. Desde allí importaba grandes cantidades de huevos de gusanos de seda para su fabrica y para las demás que estaban situadas en un pueblo llamado Lavilledieu. Desde Lavilledieu salía siempre hacia Japón en enero y regresaba a primeros de abril para la misa mayor. En Japón trataba con Hara Hei. Allí era conocido por todas las personas. Con él, Hervé Joncour conoció a una joven. De ella, lo que más le extrañó era que, a pesar de vivir en Japón,  no tenía rasgos orientales. Con ella nunca había hablado, lo único que los unía eran las miradas y unos ideogramas escritos en tinta negra. Después de hacer varios viajes a Japón, la joven un día le entrega un papel a Hervé Joncour pero el al no entenderlo, cuando regresa a Lavilledieu, va a junto a una mujer recomendado por Baldabiou. Ella le traduce todo lo que estaba escrito en el papel a cambio, Hervé Joncour le entrega una propina. De todo lo que estaba sucediendo su mujer parecía como si se enterara de algo ya que se estaban distanciando y para que no ocurriera ella le propuso hacer una serie de viajes. Después de todo esto, Hervé Joncour decide construir el jardín que siempre había deseado para ayudar a la gente del pueblo ya que estaban pasando por uno de sus peores momentos. Tiempo después su mujer Helene cae enferma y fallece.  Hervé Joncour recibe otra carta de la joven y vuelve a visitar a la mujer que tiempo antes le traduciera la otra nota. Ella ya no estaba en el  mismo lugar y por eso la tuvo que buscar por toda la ciudad. Finalmente la encontró y ella le tradujo todo lo que ponía en aquella carta. Era una carta de despedida escrita con mucho amor. La mujer al leerla hizo varias paradas pero Hervé Joncour le pidió que siguiera. Al oir todo lo que estaba leyendo aquella mujer entendió que aquella carta no la había escrito la joven, sino su mujer, Helene.

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